El narrador en “Los pichiciegos” de Fogwill

El narrador de “Los pichiciegos” es un narrador indirecto, en tanto está reproduciendo lo que dice un testigo de los hechos. Esta condición hace que, más allá de la propia construcción del relato, mucho de esa narración se base en una creencia: en creer o no en lo que este testigo presencial le está contando. La historia inicial está mediada por la escritura y por una grabación de voz que, durante las “sesiones”, hace que la historia tenga a su vez un tono de negociación: el escritor que necesita un relato valedero sobre un acontecimiento histórico reciente para su libro, y un testigo-protagonista que puede dárselo.

El narrador propiamente dicho aparece tardíamente, y esto hace que su aparición parezca una intromisión que, justamente por ser tardía, desautomatiza en gran parte el relato y hace que el lector se cuestione la figura propia del narrador y replantee lo leído hasta el momento:

“Viterbo seguía hablando”, dice el relato todavía reproducido, “ya había convencido a todos de que no mentía, que era verdad”.

“ – ¿Y vos Quiquito”, aparece el narrador, “creés que yo creo esto que me contás?

- – Vos anotálo que para eso servís. Anotá, pensá bien, después sacá tus conclusiones – me dijo. Y yo seguí anotando.” (P, 65)[1]

Anotar, como queda expuesto en esta primera aparición, es, junto con creer, una de las acciones principales del narrador. Pero el objetivo último que persigue con estas acciones es llegar a saber.

“ – Yo anoto. Creer o no creer no es lo importante ahora- sugerí.

- – Claro – dijo él – a vos lo único que te calienta es anotar.

- – Sí, – reconocí – anotar y saber.” (P, 80)

“ – Como vos anotar, a él lo que más lo calentaba era hacer esas cosas: cambiar, juntar, hacer que agranden los lugares y mandar.

- – Yo anotar no… a mí ¡saber! – dijo mi voz grabada en la cassette.” (P, 89)

Todo al fin de cuentas para el narrador se centra en eso, y justamente entre saber y creer se van a producir tensiones. Saber no es tan sencillo como anotar (tarea autómata), ni tan sencillo como creer (tarea fideísta). Vemos durante el relato que llegar al conocimiento pasa por otro lado, que no basta con creer o no creer, con haber anotado o no lo que este testigo cuenta. Hay algo que, indefectiblemente, al narrador se le escapa:

“ – ¿Entendés?

- –  Sí – respondí convencido.

- – No. ¡No me entendés! Seguro a vos alguna vez habrán estado a punto de boletearte, fuiste preso, tuviste dolores en una muela, o se te murió tu viejo. Entonces, vos, por eso, te pensás que sabés. Pero vos no sabés. Vos no sabés.” (P, 81)

Esta dificultad para saber radica en gran parte en la diferencia que existe entre el lugar de enunciación de los hechos y el lugar adonde esos hechos transcurrieron. La distancia abismal que separa la guerra de Malvinas con las “sesiones” hace que al narrador se le dificulte este objetivo primordial de saber:

“- Pensá en la mierda pegada contra la ropa. Pensá en la oscuridad y pensá en la luz que cuando te asomás te hace doler los ojos. Eso – me insistía – no tiene nada que ver con lo que pasa aquí – y señalaba la ventana.” (P, 81)

El fracaso del narrador es intentar llegar a un entendimiento pleno, a una historia total mediante el testimonio del sobreviviente. Siempre va a haber un conocimiento que se le escapa. Quiquito le dice al narrador cuando piensa en ir a Gualeguay para conocer a los padres del Turco (otro de los pichiciegos):

“- ¿Sabés a cuántos viejos tendrías que conocer?” (P, 96)

El conocimiento que se va produciendo en este narrador es precisamente el de la imposibilidad de un entendimiento pleno, y esta conciencia es un recorrido que se produce en el libro, que va de la convicción del entendimiento a la duda:

“ – ¡No entedés un carajo! ¿No viste ahora? ¡Les ofrecen trabajo a los vueltos! ¡Trabajo!

- – Sí- volví a decir. Entendía.” (P, 114)

“ – Debe ser muy aburrido escribir – comentó.

- – Sí, más o menos. Como todo.

- – Si vos volverías a nacer, qué serías ¿Harías igual?

- – Sí… – grabó mi voz- todo igual… – Después, recuerdo que dudé.” (P, 118)

Sobre el final del relato al narrador no le queda más que anotar y creer en lo que le dice el testigo. La historia pasa a ser un testimonio individual con la voz propia de quien se lo está contando[2]. En su incapacidad de saber al narrador no le queda más que la escritura de esta historia parcial, que si bien poderosa, resignada de una visión totalizadora de los hechos.

BIBLIOGRAFÍA

- FOGWILL, Rodolfo Enrique; “Los Pichy-cyegos”, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1983.


[1] Esta preocupación por creer o no creer en lo que se está contando va a ser una constante durante el relato, más allá que a veces las respuestas que se den a esta inquietud sean opuestas:

“ – ¡Vos creés! – me preguntó.

- ¿Lo que decís? – le dije.

- Sí, lo que digo – dijo.

- Lo que decís lo creo – le respondí.” (P, 86)

[2] Cuando el relato se centra en la guerra, los juicios valorativos, el tono, todo corresponde a la voz del testigo reproducida especularmente

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~ por gal en febrero 12, 2008.

5 comentarios to “El narrador en “Los pichiciegos” de Fogwill”

  1. FOGWILL PUTO

  2. Interesante. Como aprendiz de escritor me cuestiono mucho el lugar del narrador.
    Fogwill lo repite. En algún momento de Muchacha Punck hace algo similar diciendo que es todo mentira, que nunca se acosto con una muchacha punck y que ni siquiera estuvo en Londres.

  3. agustina: no creo que Fogwill lea este artículo. en realidad eso espero, porque debe ser lo peor de este blog.
    osvaldo: si Fogwill se acostó o no con una punk es lo de menos, tampoco creo que sea importante si estuvo en Londres. ni siquiera si escribió los pichiciegos “durante” malvinas, ni si tomó 10 gramos de merca para terminarla. lo importante es el texto literario en sí mismo me parece.

  4. Me resultó de mucha ayuda para el trabajo que estoy realizando. También, me surgieron las mismas dudas con respecto al narrador. Gracias, muy buena página.

  5. Mia: gracias a vos. saludos.

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