“Lectura desgarrada de una literatura conflictiva”

Sobre: Sarlo, Beatriz, Borges un escritor en las orillas, Ariel, Buenos Aires, 1995; 206 páginas.    

Podemos leer la primera oración del libro como si fuera una advertencia: este libro, nos dice Sarlo, resulta de cuatro conferencias inicialmente destinadas a la universidad de Cambridge. Entonces el Borges que presenta Sarlo es antes que nada un Borges construido para el oído inglés, y este no es un dato menor. La segunda advertencia dentro de la misma oración inicial atañe principalmente a una cuestión de género: el libro, nos advierte Sarlo, conserva la marcha de la argumentación y el eco de la oralidad. Esto último (el tono oral) es, en el transcurso de la lectura del libro, algo discutible. Encontramos que Sarlo argumenta, pero siempre desde una escritura pensada, cerrada, que no parecería tener un tinte oral. Hechas estas dos observaciones técnicas en relación al contexto de producción vamos a tomar como algo primordial para entender el movimiento del libro la cuestión del destinatario inicial.

Sarlo construye un Borges complejo y nos lo plantea desde el inicio. La figura del escritor se mueve pendularmente entre dos extremos: lo nacional y lo cosmopolita. Y a partir de este carácter dual (en el que se enmarca la producción de Borges) el mismo libro de Sarlo se polariza y se bifurca, incluso con objetos diferenciados. Por una parte, en los primeros capítulos del libro, Sarlo va a tratar las consecuencias literarias de que Borges haya nacido y haya escrito en la Argentina. Y por el otro lado, mediante la lectura de la producción fantástica de Borges, Sarlo explora la problemática filosófica y moral en su literatura sobre el destino de los hombres y las formas de su relación en sociedad. Sarlo presenta dos Borges: uno periférico y otro universal y cosmopolita (más fácilmente ubicable en el centro). Y el Borges más problemático para el oído inglés es justamente el que aparece desde el título: en la primera parte del libro Sarlo le recuerda a un auditorio inglés la condición periférica y a veces olvidada de Borges. Y creemos que este es un Borges más complicado para el oído inglés porque se sale de la figura representada comúnmente: la del escritor que resume en su literatura una expresión occidental de toda la cultura del mundo. Creemos que el Borges del titulo complica precisamente porque es un Borges desacostumbrado: un exponente del ser latinoamericano que no suele sobresalir en su perfil literario. Pero este, como veíamos anteriormente, es sólo uno de los dos grandes pliegues del libro.

Sarlo demuestra que las dos lecturas son posibles (el Borges estrictamente argentino y el Borges universal) y que son las dos igualmente significativas. Sarlo no fija una lectura sino que deja al descubierto el carácter conflictivo de la literatura borgiana; es decir: deja al descubierto la tensión que existe dentro de su literatura en términos de objeto (en relación a lo que Borges hace que sea literatura) y en términos de forma (relatos que pueden rozar el color local y relatos que a su vez pueden rozar el discurso filosófico). La obra de Borges es Conflicto y la lectura de Sarlo se presenta “en esa dimensión desgarrada”. Pero, si este carácter dual hace precisamente a la obra de Borges algo conflictivo, una de las dos partes va a ser ella sola (en su autonomía) mucho más conflictiva para el oído ingles que la otra: la postura política y filosófica de Borges (lo que corresponde a la segunda parte del libro de Sarlo) es menos conflictiva que la imagen del escritor “en una esquina rural en el cruce de dos calles”. Y este es uno de los puntos más importantes para entender el recorrido que hace el libro. El primer Borges, entonces, es un Borges que complica porque aparece en el margen. Y esto Sarlo lo sabe de memoria. Y entonces lo que hace es delimitar el margen física e ideológicamente. Antes que nada dejarlo al descubierto: explicar en Cambridge qué significa ser un sujeto (no solo un escritor) geopolíticamente periférico. Sarlo para delimitar el margen hace un recorrido físico desde el centro hasta las orillas. Problematiza la cuestión de la metrópolis y se va alejando hasta llegar a los suburbios. Este acercamiento teórico se particulariza en Buenos Aires y en los cambios físicos que la modernidad produce en esta ciudad a partir de 1921. Buenos Aires cambia al ritmo de las nuevas tecnologías y se convierte en condensación simbólica y material del cambio. Modernidad, modernización y ciudad aparecen como un solo concepto que engloba tanto los procesos materiales como los ideológicos. La ciudad es un concepto, una abstracción, pero también es una cosa material y real que va apareciendo como producto de una modernidad que produce cambios físicos en el espacio que ocupa, y a la vez aparece como lugar para entender la orilla. Sarlo realiza una lectura sociológica: “la modernidad como estilo cultural penetrando el tejido de una sociedad que no se le resistía”. Sarlo le explica a un auditorio inglés lo que ya sabe de la metrópolis (toda una serie de reflexiones que se inscriben en la metrópolis como tema y que tienen una larga tradición) hasta llegar a lo verdaderamente importante en esta instancia: el margen. El recorrido de Sarlo desde el centro hacia las orillas adquiere una materialidad asombrosa (recuerda por momentos a Raymond Williams y a Simmel en sus pensamientos acerca de la metrópolis): vemos los cables eléctricos, las líneas de teléfonos, la red aérea que tejen los tranvías, el transporte, la iluminación, las calles, el mercado, hasta llegar a los baldíos, las tapias, las verjas de hierro, las balaustradas y balcones; las pulperías, los almacenes, la esquina rural en el cruce de dos calles. Y este punto final del recorrido es importante (quizá más que toda la parte del tratamiento de la metrópolis) porque en este tramo el oído ingles escucha algo que no conoce del todo: la periferia.Pero el margen (como Borges, como el propio libro de Sarlo) es ambivalente. Por un lado tenemos el margen que inventó Borges literariamente y por el otro el lugar al margen que ocupa Borges como escritor argentino en la literatura del mundo: “Borges inscribe una literatura en el límite reconociendo allí una forma cifrada de la Argentina.” Y esto último (el margen como una cuestión política – una forma, por otra parte, de relacionar los dos Borges presentados en el libro, en tanto el concepto de “margen” viene cargado fuertemente con una connotación política y el segundo Borges es un Borges eminentemente político-) es importante, por lo que dijimos anteriormente, en relación al destinatario inicial de las conferencias. Y aquí (como una posibilidad de ratificación) aparece Evaristo Carriego libro y obsesión en la vida de Borges. Evaristo Carriego viene a ratificar que el margen va más allá de lo pintoresco y del color local; que no tiene que ver solamente con una “clásica calle sin vereda de enfrente” sino que es además una posición política, en tanto Carriego era precisamente el margen de la producción literaria nacional. Es decir: en Carriego había una materia que los escritores contemporáneos consideraron marginal, pero más allá de esto lo que se trata de rescatar aquí es su posición en relación a la producción literaria del momento: ubicado al margen de Lugones y del modernismo Carriego era  el margen de un país marginal y, en este extremo, esta posición posible (adjudicada a este primer Borges en el libro de Sarlo) adquiere una fuerza mayor. Y en esta posibilidad de Borges de romper con las filiaciones previsibles, y de separarse de una tradición obligada aparecen conceptos fundamentales de Sarlo para entender lo que es estar en las orillas de la creación y la interpretación mundial: la distancia latinoamericana no como un déficit sino como un valor positivo (en cuanto provee de una tradición más amplia), el hecho de que “la trama de la literatura argentina se teje con los hilos de todas las culturas”, que la situación marginal argentina es la fuente de una originalidad verdadera, “que no se basa en el color local sino en la aceptación libre de la influencia”.Y para entender este movimiento del centro a las orillas (esta inscripción de una literatura en el límite) aparece en el libro el concepto de pliegue. Y este concepto es importante en la propia estructura del libro porque, como habíamos dicho antes, el propio libro sufre un desdoblamiento. Podríamos preguntarnos por esta separación del libro y pensar qué figura de Borges es la que domina la escena. Por qué Sarlo cierra con el Borges político y por qué el Borges del margen ocupa el titulo del libro. Pero este concepto de pliegue en Sarlo no nos habla de una preponderancia sino más bien todo lo contrario: Sarlo cita a Deleuze: “la duplicidad del pliegue se reproduce necesariamente en los dos lados que el pliegue distingue, pero que, al distinguirlos, relaciona entre sí: escisión en la que cada término remite al otro, tensión en la que cada pliegue está tensado en el otro”. Sarlo va a demostrar (a nosotros como lectores del libro y principalmente a un auditorio inglés en el inicio) que ambos Borges son dos caras de una misma cosa: que uno no es sin el otro. El Borges político y universal (el que creemos de más fácil consumo para el oído ingles) está tensado en el otro Borges, el del título. Borges (y más aun este Borges dual que está presentando Sarlo) “enfrenta el problema de la coexistencia conflictiva”. Y entonces derivamos en el otro de los conceptos que sirven como pilares para entender al Borges de Sarlo: el conflicto; el concepto de que la mezcla es a la vez indispensable y problemática.  El pliegue, nos dice Sarlo, lo que separa dos culturas, tiene un filo amenazador: es la instancia fronteriza y conflictiva de la mezcla, de un choque de culturas no apacible sino peligroso. Y entonces hasta aquí Sarlo nos presentó una de las dos caras del conflicto: el Borges marginal. Pero el libro se “desgarra” de una forma que nos incomoda en primera instancia, en tanto lo hace abruptamente. De esta figura de Borges (inusual, poco representativa) Sarlo nos lleva a otra completamente distinta: el Borges político-filosófico en términos universales. El escritor occidental. El Borges que nació en occidente y no en Argentina. Y este desgarramiento del libro, nuevamente, viene a poner en primer plano la cuestión del conflicto (las dos partes del libro tienen un tinte político y en esta concordancia radica una tensión: el orden político en términos universales que proclama Borges en la segunda parte contra toda una reivindicación del caos con su propia ley de la primera). Y entonces la pregunta que podemos hacernos nosotros es si el libro es uno solo o si está rotundamente separado. Y para eso lo que tenemos que hacer es leer atentamente este segundo Borges que Sarlo nos presenta.A partir de la segunda parte del capitulo quinto (ni siquiera en el limite entre dos capítulos) el libro se desdobla, y aparece el Borges universal, y este es un Borges político. Y la cuestión política será principalmente “la cuestión del buen orden” (cara opuesta del pliegue en relación a ese Borges inicial que pertenece a un margen caótico). Sarlo lee la cuestión del orden (un orden político) en la perfección de las tramas de los relatos fantásticos de Borges: una libertad “severa y llena de reglas”. Y este Borges, creemos, es un Borges que trae muchas menos complicaciones que las que dejó el Borges de la primera parte en relación al auditorio inicial de las conferencias, ya que la posición política que se está proponiendo (a saber: la del buen orden) se relaciona más con una posición conservadora que la de la primera parte en la que el desorden tenía una forma de regulación que iba más allá del Estado. Sarlo lee esta rigurosidad constructiva (la perfección de los relatos fantásticos de Borges) desde una posición historicista: “estos principios, nos dice Sarlo, pueden ser considerados más allá de la postulación de un arte poética, como reacción aristocrática frente a un mundo desordenado.” Sarlo lee “El informe de Brodie” y plantea la problemática de su narrativa en relación a la historia: las huellas que la época dejó en su ficción contra la libertad estética que él mismo proclama. Sarlo trabaja con “La biblioteca de Babel” y “La lotería en Babilonia” leyendo ambos relatos como narraciones político-filosóficas. Sarlo se pregunta: “¿puede convertirse el caos en orden?”, y políticamente esta es la pregunta más significativa: refleja de algún modo, por otra parte, el recorrido que hace el libro, la forma que tiene de desdoblarse. Sarlo lee “Deutches Réquiem” y su reflexión sobre el orden ahora es en términos generales: “todo orden está basado en la destrucción de otro orden; todo orden se origina en un acto de imposición y de fuerza.” Sarlo se pregunta “¿cómo establecer el orden sin anular por completo la libertad?”, e inscribe su reflexión en una discusión que atañe a lo privado y lo publico, es decir, en términos extremadamente generales. Y de esta forma el Borges que venía desde los capítulos anteriores se desdibuja y se desdibuja también el libro de Sarlo, en tanto parecería en esta instancia que estamos leyendo otro libro distinto del que comenzamos en un principio. En esta instancia, entonces, el libro no mantiene una línea coherente, más allá de la posibilidad de encontrar un tinte político en las dos facetas de Borges. Sarlo compara la nación utópica del informe de Brodie con “otras naciones europeas”. El margen, desde el momento en que el libro se desgarra en el capitulo quinto, parecería haber quedado precisamente al margen.  Parecería que el primer Borges nada tiene que ver con el segundo. Pero en el ultimo capitulo Sarlo sigue con la cuestión política (la del orden), y además vuelve  a la cuestión del margen, incluso en su propia lectura de Borges (Sarlo intenta leer la densidad de lo que parece irrelevante o residual), y en este regreso el libro (hasta ahora bifurcado casi rotundamente) gana unidad. Y en la primera parte del capitulo el margen vuelve, incluso, como corpus: Sarlo lee “El hombre de la esquina rosada” e “Historia de Rosendo Suárez”, para entender el movimiento que efectúa la tradición gauchesca en términos de orden-desorden: en un principio la violencia que formaliza un código que da sentido a las relaciones privadas y publicas (hay una ley en las orillas –en ese espacio caótico – que no sólo va más allá de las instituciones sino que además viene a llenar su ausencia). El contexto visual del primer Borges (esto es: las orillas, esa arquitectura que Sarlo describió materialmente en el principio del libro) vuelve a aparecer en el último capitulo en relación a cuestiones generales de índole política: en relación a los mismos tópicos políticos del segundo Borges. Sarlo relaciona estas historias de orilleros en relación a la instauración de un orden casi gubernamental (no obstante no estatal) y vuelve a plantear esa discusión de la relación privado-publico (la que anteriormente había efectuado en términos generales) pero particularizada en este contexto marginal que trae desde la primera parte del libro. Sarlo vuelve a subrayar el conflicto: el Borges político es el marginal y viceversa; Sarlo subraya con este último capitulo la condición esencial del pliegue: el Borges argentino es al mismo tiempo el Borges universal y viceversa.           

 

~ por gal en Febrero 28, 2008.

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