Carta a EZ
“La boca es la puerta abierta que conduce a lo bajo, a los infiernos corporales. La imagen de la absorción y de la deglución, imagen ambivalente muy antigua de la muerte y de la destrucción, está relacionada con la boca abierta.” Bajtín
A lo que me pediste:
Antes que nada tenés que saber esto: Horacio se jacta de no estar loco; de ser un poeta “purgado”. Pero no obstante podés encontrar en él a todos los otros, los desprolijos que no se preocupan por cortarse la barba ni las uñas, poetas ociosos que creen más en la gracia que en el esfuerzo. Tenés que ser precavido porque atrás de la careta de Horacio se esconde, por momentos, un semblante violento.
Te decía, entonces, que están los otros; los barbudos que eligen esconderse (no mostrarse tanto) en el margen de las cosas. Y en ese lugar oscuro, nos dice Horacio, la atra bilis de estos poetas se les sale en forma de pelos y de corneas. Una locura que se les trasunta en el cuerpo. Porque Horacio cree en una topografía corporal donde, ya sabés, en la bilis está la locura. Y es precisamente la bilis lo que se purga Horacio para hacer un poema purgado. Pero cuidado, que atrás de esa impostura que asume hay una fuerza y una lógica, que por más racional, a veces asusta también un poco más.
Horacio declara que hay un tiempo y un lugar para cada cosa. Pero renglones arriba te decía que tuvieses cuidado, porque adentro de esta postura algo conservadora Horacio encuentra un lugar para el derroche y el placer. Podría decir: “Luz. Luz. El infierno está encantador esta noche.” Porque bajo las circunstancias adecuadas, y sólo por esta noche (total mañana después vemos), se nos puede estar permitido el infierno.
Acá te mando la oda 2.14 versión latina con una traducción anexa hecha por mí (con alguna cosa intertextual adentro):
XIV
Eheu fugaces, Postume, Postume,
labuntur anni nec pietas moram
rugis et instanti senectae
adferet indomitaeque morti,
non, si trecenis quotquot eunt dies, 5
amice, places inlacrimabilem
Plutona tauris, qui ter amplum
Geryonen Tityonque tristi
compescit unda, scilicet omnibus
quicumque terrae munere uescimur 10
enauiganda, siue reges
siue inopes erimus coloni.
Frustra cruento Marte carebimus
fractisque rauci fluctibus Hadriae,
frustra per autumnos nocentem 15
corporibus metuemus Austrum:
uisendus ater flumine languido
Cocytos errans et Danai genus
infame damnatusque longi
Sisyphus Aeolides laboris. 20
Linquenda tellus et domus et placens
uxor, neque harum quas colis arborum
te praeter inuisas cupressos
ulla breuem dominum sequetur;
absumet heres Caecuba dignior 25
seruata centum clauibus et mero
tinguet pauimentum superbo,
pontificum potiore cenis.
Oda II.14 (traducción)
Esto es efímero, Postumo
Ahora efímero.
Nuestra piedad no va a demorarnos
Las arrugas de la vejez,
Vejez que insta a la muerte irrevocable.
Y ni intentes aplacar
Al inexorable Plutón, mi viejo
Con trescientos toros por día,
A ese que por tres veces
Tiene atado a Ticio y a Gerion
Con las olas tristes que tendremos que andar
Nosotros
Los que nos alimentamos de los frutos de la tierra,
Ya seamos reyes o pobres ciudadanos.
Es inútil esconderse de la guerra cruel
Y de las olas quebradas del cavernoso Adriático.
Es inútil que le tengamos miedo al Austro
Que en el otoño nos destroza el cuerpo.
Tenemos que ir a ver al oscuro Cocito,
Río errante y lánguido,
Y tenemos que ver la raza infame de Dánao
Y a Sísifo, hijo de Eolo,
Condenado a un eterno suplicio.
Vas a dejar tu tierra
Tu casa
Tu tierna esposa,
Y de todos los árboles que cultivás
El único que te va a seguir
Es el odioso ciprés.
Un heredero más inteligente que vos
Se va a tomar tu Cécubo,
El que tenés guardado bajo cien llaves
Y va a teñir el pavimento
Con el vino más caro,
Ese que supera al de los pontífices
Cuando cenan.

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