Literatura y fotografía en “Fotos” de Walsh

Podemos leer dos cuestiones que recorren “fotos” de Rodolfo Walsh, que lindan y que a su vez se muestran como antagónicas: la literaria (la de la lengua, y por ello una cuestión formal que abarca a su vez distintos tópicos) y la fotográfica (que atañe principalmente al contenido de la obra). Y esta separación (la de lo literario y lo fotográfico) es una separación que resulta de la diferencia esencial entre ambos lenguajes. Por un lado la literatura como forma de narrar la historia de Mauricio y el Negro, y por el otro la fotografía tematizada pero también como una forma particular de narrar las cosas, distinta en relación a la palabra escrita: un paradigma que se centra básicamente en las imágenes visuales.

Pero antes que nada el texto de Walsh es un texto literario. Hay una marcada autoconciencia de la forma y por momentos también una autorreferencialidad del lenguaje. “El lenguaje empleado atrae sobre sí la atención, hace gala de su ser material”: Eagleton trata de encontrar qué es la literatura y hace un recorrido por las distintas corrientes teóricas y críticas hasta llegar a esta premisa: “la literatura es un empleo característico de la lengua”[1]; y este empleo, por su parte, es conciente: “hay que quemar todas las naves, vos has visto, las vecortas zumbaban como abejas.”[2] Esta es la forma literaria de la que hablamos: la literatura como forma y a su vez la forma que tiene la literatura para emitir su mensaje: una forma, nos diría Eagleton, autorreferente.

La segunda cuestión dentro de la primera -la literaria- una vez entendido el carácter literario del texto, es la de la heteroglosia. En el texto hay un narrador pero muchas voces, y estas voces aparecen de manera explícita, sin ningún tipo de ocultamiento (lo que se oculta tiene en el texto un valor fundamental) y la voz siempre es precedida por el nombre propio que la enuncia: los apartados comienzan “Mauricio” dos puntos, y aparece la voz de Mauricio; “mamá” dos puntos, “Paulina” dos puntos; “Estela” dos puntos” y aparecen de vez en vez estas distintas voces pero siempre articuladas por el mismo narrador. El texto de Walsh es heteroglósico más allá de las líneas de diálogo; las distintas voces pasan alternativamente a ocupar un lugar central en el texto.

La tercera cuestión dentro de la primera es la de la interdiscursividad (que no es consecuencia directa de la heteroglosia, ya que no hay precisamente tantos discursos como voces en el texto). El texto literario tiene dentro de sí distintos discursos. Más allá del literario (que es específico y que se puede diferenciar del relato general como veremos a continuación) encontramos que el texto pasa de un discurso a otro en el espacio de los distintos apartados e incluso a veces dentro de un mismo apartado: encontramos un discurso de los medios: “…el doctor jacinto tolosa (h), hijo del caracterizado vecino y hacendado…”, un discurso jurídico: “asimismo deberá tener en cuenta su Señoría que el vencimiento de los contratos inconstitucional y arbitrariamente prorrogados…”, un discurso informativo estudiantil-académico: “Lugones nació en 1874 en río seco y se mató en 1938 en el tigre. Estaba desilusionado. Tres valencias, una libre. Sed nostri milites dato signo cum infestis pilis procu…procurrissent.”. También, como pasamos a ver a continuación, un discurso específicamente literario que  no es el discurso general del relato.

Dentro del texto de Walsh se problematiza lo literario (como veremos que también se problematiza lo fotográfico) exagerando por momentos el registro, haciendo de la literaturidad una cosa bien visible, casi obscena en relación a los momentos en que este recurso no se utiliza. Podríamos preguntarnos cuáles son los límites de esta literaturidad así entendida más allá del relato (ya que en el texto de Walsh, como vimos anteriormente, distintos discursos no literarios se vuelven literarios por contexto). Lo literario en el narrador del cuento es concebido como un trato exagerado con el lenguaje, lleno de metáforas y adjetivos. Este registro que aparece esporádicamente contrasta con el de lo cotidiano (que Walsh trata de manera literaria, separando su arte poética de la del narrador): “Las novias y los cadetes se volvieron amarillos en la vidriera, el neón se desangró, las placas se velaban, las lentes se pudrían como ojos enfermos, el gusano del mundo nadaba en las cubetas, cada línea recta se corrompía y vos te tocabas la cabeza.

-       No duermo, negro, no se qué me pasa, no duermo, ni como, ni cago.”[3]

Hay un registro literario que no es el registro de lo de todos los días, y es en esta diferencia que el narrador encuentra una forma de hacer literatura.

La segunda cuestión, como habíamos dicho, es la de lo fotográfico. La foto es contenido en el texto de Walsh. Y desde ese contenido podemos arriesgar un arte poética fotográfica en particular. Lo primero que encontramos es una idea de la foto como fijación (concepto que nos lleva a la segunda acepción de bozal en relacion al termino “representación”): “ahora estoy quieto” dice Mauricio cuando empieza a sacar fotos “y los demás se mueven”, “¿no es como una cabeza una cámara?” se pregunta después “una cabeza insomne, la Gorgona que mira y paraliza”. Es esta fijación casi metafórica que se relaciona con la fijación de la que nos habla Bozal “fijación mediante procedimientos gráficos o plásticos”. Una fijación más literal que también aparece en el texto de Walsh: “la emulsión había fijado para siempre aquellos reflejos inasibles. Estaba fijo como un punto cardinal.”

Con la fotografía aparece la cuestión de la representación. Bozal nos habla de una implicación del sujeto en la representación, en tanto el sujeto construye una figura significativa: “representar es articular y así producir figuras.” Nos habla de un modo de mirar un objeto, de un punto de vista particular en la formación de figuras. Y esta implicación del sujeto, esta mirada está en el texto de Walsh; Mauricio dice: “saqué esa foto y me calmé, pensé que ahí a lo mejor había una salida, que yo tenía una mirada[4], y que esa era mi mirada.” Para decir después: “es que yo no me puedo quedar quieto frente a lo que veo.” Bozal nos habla de la formación de un mundo, un conjunto de fenómenos relacionados significativamente. Y Mauricio tiene la idea de estar rehaciendo el mundo preestablecido, idea que está en el concepto de representación: “te juro que el mundo entero se pone a vivir de nuevo, fresquito, recién hecho.” “es como hacerla de nuevo” dice refiriéndose a su novia “línea por línea, siempre igual pero distinta.”

Mauricio, en su concepción fotográfica, difiere del Negro en términos estéticos. Mauricio es un cazador, “anda al acecho tras los bancos de la plaza, en el ojo de las cerraduras, en la penumbra de los boliches, se agazapa como un jaguar.” Mauricio busca lo trivial, la contingencia barthesiana, se centra en lo cotidiano, por lo que se acerca más al propio Walsh que al narrador de la historia. Nos dice Barthes: “la fotografía, esencialmente, si así puede decirse no es más que contingencia, singularidad, aventura: mis fotos participan siempre, hasta el final, de aquel cualquier algo.”[5] Mauricio va detrás de lo cotidiano buscando ahí mismo algo más. Y en este proceso la selección (propia de la sensibilidad según Bozal) es importantísima. Mauricio busca sacar las cosas del fluir, producir esa “cesura que se produce al sacar la cosa del fluir y el ámbito de la facticidad”.[6] Mauricio va “buscando el momento en que la noche se convierte en día, el adoquín en luciérnaga, el deseo en odio interminable, como si quisiera parar el mundo y numerarlo.” Y este proceso se efectúa sobre lo trivial: “el campo cuando sale el sol, los tipos en el boliche jugando al codillo, una muchacha nuevita paseando por la plaza.”[7]

Esta búsqueda de Mauricio es una búsqueda artística: Mauricio entiende al lenguaje fotográfico como un lenguaje artístico, entendimiento que no se produce en el resto de su comunidad. Para la comunidad de Mauricio la fotografía es retrato (en su forma más funcional): “don Alberto exhibía en su almacén retratos de sí mismo cada vez mas grandes y satisfechos.” El Negro le dice: “Apretás el disparador y la cámara hace lo demás. En eso no puede haber arte.” Las representaciones de Mauricio son ilegitimas, en cuanto no responden al horizonte de representación de la comunidad en la que está inmerso. “Un fotógrafo es un peluquero, un boticario”, se reía Ordóñez. Pero Mauricio, al contrario, intenta una búsqueda estética. Y esta experiencia, por un momento, le es trasmitida como experiencia artística al Negro. Frente a la foto de la laguna el Negro cree ver algo más que la circunstancia histórica (el lugar que reconoce por haberlo frecuentado, la percepción vivencial del referente fotográfico) algo que se le escapa y que no puede explicar bien en qué consiste: el Negro está frente al punctum barthesiano: “Era una buena foto por ser de un aficionado. Y sin embargo… ¿qué me inquietaba? El lugar yo lo conocía bien.” El negro está frente a un goce estético en términos de Bozal, en tanto empieza a ver al referente conocido como algo nuevo. “El gozo estético surge en la novedad no de la cosa sino de la figura, pues con ella se produce también la novedad de una articulación no prevista.”[8] “No sé por qué, ese sitio familiar me resultaba, de golpe, desconocido”, dice el Negro.

Por último son pertinentes dos relaciones en torno a la fotografía que se hacen tanto en el texto de Walsh como en “La cámara lucida” de Barthes: la relación de la foto con la locura y con la muerte. “La mirada es siempre virtualmente loca: es al mismo tiempo efecto de verdad y efecto de locura”, nos dice Barthes. Lo que se relaciona de la fotografía con la locura es la mirada: todo aquel que mira fijamente a los ojos está loco. Y esta mirada es lo que diferencia a Mauricio tanto del Negro como del resto de la comunidad en donde él está. Mauricio al convertirse en fotógrafo encuentra una mirada, algo que él mismo nota y dice. Y desde que se vuelve fotógrafo, desde que adquiere esta forma distinta de mirar, su mismo nombre cambia: “Mauricio, que era el rey de la joda. Ahora lo llaman: el Loco.” Y por el otro lado: “El Spectrum de la fotografía le añade ese algo terrible que hay en toda fotografía: el retorno de lo muerto.” “La fotografía correspondería quizás a la intrusión en nuestra sociedad moderna de una muerte asimbólica, al margen de la religión, al margen de lo ritual, como una especie de inmersión en la muerte literal.” Y este conocimiento que nos propicia Barthes es un conocimiento que el Negro percibe frente a la foto artística de Mauricio, la de la laguna. Luego de haberla recorrido, de haber sido punzado, de haberse despertado en él toda una serie de fantasmas del pasado (“El lugar yo lo conocía bien. Había sido tomado desde la loma que llamaban el cerro, en el cuadro de la Noria. En aquella entradita que hacía el agua a la izquierda solíamos ir a linternear con los peones. En aquel islote lejano apareció una vez un paisano muerto.”) el Negro entiende la misma relación que leemos en Barthes: “un lugar último, un espejismo del corazón, y en todas partes estaba escrita la muerte.”


[1] EAGLETON, Terry; Una introducción a la teoria literaria, México, Fondo de Cultura Económica, 1988.

[2] WALSH, Rodolfo; Fotos, en “Los oficios terrestres”, Bs. As., 1997.

[3] WALSH, Rodolfo; Fotos, en “Los oficios terrestres”, Bs. As., 1997.

[4] La mirada sobrevuela todo el relato de Walsh más allá de la cuestión fotográfica: “¿Eh negro? – proponía Mauricio mirándome desde las esquina del ojo.”; “haciéndose el distraído para no encontrarse con la mirada de mi padre”. “me mira de reojo, desde la intención de un pase de bola inmutable en el paño.” “la Rollei, en su ojo azul se resume la laguna.” Poseer una cámara ha transformado a la persona en algo activo, un voyeur ¿Qué ven esas personas? Algo digno de verse.” (SONTAG, Susana; Sobre la fotografía, Alfaguara, 2006.)

[5] BARTHES, Roland; La cámara lúcida, España, Paidós ibérica, 1997.

[6] BOZAL, Valeriano; Mimesis: las imágenes y las cosas, Madrid, Gráficas Muriel, 1987.

[7] WALSH, Rodolfo; Fotos, en “Los oficios terrestres”, Bs. As., 1997.

[8] BOZAL, Valeriano; Mimesis: las imágenes y las cosas, Madrid, Gráficas Muriel, 1987.

~ por gal en julio 13, 2008.

2 comentarios to “Literatura y fotografía en “Fotos” de Walsh”

  1. Qué buen artículo! muy completo e interesante. Gracias por el aporte!

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