David Held y el “modelo democrático cosmopolita”

En “Repensar la democracia” Held trabaja sobre las tensiones que se producen entre los conceptos de Estado moderno y democracia, entendiendo al Estado como un marco al mismo tiempo restrictivo y habilitante (es decir, en tanto “estructura básica de instituciones y reglas jurídicas”[1]) y a la democracia como la posibilidad de autodeterminación (o “determinación autónoma de las condiciones de la asociación colectiva”[2]). Held, frente a un escepticismo ante los conceptos de soberanía estatal y soberanía popular propone el principio de autonomía como alternativa viable[3]. Este principio, para Held, expresa dos ideas básicas: la de la autodeterminación de las personas, y la de un gobierno limitado. En este sentido el principio de autonomía se relaciona con la tradición democrática liberal y es el resultado de una serie de luchas trazadas a partir de la transición del absolutismo al Estado-nación, por lo que la forma ideal de gobierno político para su implementación sería la del gobierno democrático representativo.

Este principio, según Held, “debe ser concebido como un principio de la legitimidad política”[4], y sirve para establecer una estructura común de acción para los ciudadanos basada en una serie de derechos básicos que garanticen la libertad de cada uno más allá de toda interferencia arbitraria o injusta, pero también de obligaciones. En este sentido, Held afirma que el principio de autonomía “puede ser considerado tanto el fundamento, como la restricción sobre, la vida pública”[5]. A partir de este principio las personas pueden participar, según Held, en el proceso de deliberación de los problemas públicos de sus comunidades, de manera libre e igual, a tal punto que incluso las mayorías no puedan imponerse sobre el resto. No es un principio, de esta manera, que expresa la voluntad de un “yo” aislado, sino de un “yo” que pertenece a una colectividad que lo contiene y lo sobrepasa, habilitada y restringida por reglas y procedimientos de la vida democrática.

De esta manera, para Held, la soberanía empezaría a radicar en la propia ley (ya no en el pueblo, ni en el Estado), por lo que al respetarse la ley pública democrática, estarían sentadas las bases del gobierno legítimo.

En “La democracia y el bien democrático” Held piensa una serie de derechos básicos para que exista autonomía[6], y por lo tanto, como veíamos en el artículo anterior, una participación libre de los individuos en la regulación de sus propias asociaciones. Esta “betería de derechos”[7] son: los derechos de la salud (los cuales comprenden las condiciones básicas: entre otros el bienestar físico y emocional, y el derecho a un medio ambiente limpio); los derechos sociales (referidos también al derecho al bienestar); los derechos culturales (referidos a la adquisición por parte del individuo de formas de expresión, formas de simbolizar, formas de desarrollar su identidad individual y colectiva); los derechos civiles (referidos a la posibilidad de adoptar diversas formas de asociación dentro de la vida civil); los derechos económicos (referidos a la posibilidad de formar sindicatos, hacer huelga, acceder a un ingreso mínimo garantizado, así como a las diversas formas de consumo y propiedad productiva); los derechos pacíficos (referidos a la posibilidad  de acceder a una comunidad política apacible y exenta de violencia); y finalmente los derechos políticos (referidos a un debido proceso y a la igualdad ante la ley, pero también al acceso a la deliberación pública y a los procesos de elaboración de decisiones políticas).

Estas siete categorías de derechos articulan, para Held, “las condiciones necesarias de la participación libre e igual”[8], y toda estructura legal debe subordinarse al cumplimiento de estas siete categorías, lo que Held denomina el “derecho público democrático”. Este derecho, para Held, lo que hace es establecer las condiciones de posibilidad de la democracia, en tanto “metamarco” que delimita la forma legítima de la interacción política.

Finalmente, en “La democracia cosmopolita y el nuevo orden internacional” Held propone (ante lo que describe como un incipiente proceso de interconexión económica, legal, militar y cultural entre los Estados) “reformular las fronteras territoriales de los sistemas de accountability a fin de que los temas que escapan a la potestad del Estado-nación (…) puedan ser sometidos al control democrático”[9]; o en otros términos un “modelo cosmopolita de democracia”. En este sentido, para Held, el modelo de Westfalia estaría en las antípodas, en tanto se aferra al principio del poder efectivo, y la ONU constituiría un posible foro de deliberación para la implementación de un modelo cosmopolita si no fuera por los atropellos que sistemáticamente sufre en su autonomía. El modelo cosmopolita, para Held, debería tomar en cuenta el sistema interestatal, paro también los actores y agencias de la sociedad civil. Lo que intenta delimitar Held, de esta manera, son las formas institucionales para la conformación de una “comunidad política internacional”, y en este sentido recorta como imprescindibles la prohibición del uso discrecional de la fuerza por parte de los Estados y la activación de un sistema de seguridad colectiva. Lo que busca posibilitar es un derecho cosmopolita democrático, y para ello considera imprescindible la extensión de la influencia de las cortes internacionales y la conformación de un poder legislativo y un poder ejecutivo transnacionales, cuyas actividades (referidas al ámbito global) estuviesen contenidas por el derecho democrático básico. Esto implicaría, por otra parte, también la conformación de parlamentos regionales y la celebración de referéndums generales que posibiliten la participación ciudadana. Así mismo sería imprescindible como requisito institucional para la conformación del modelo que propone Held, la formación de una asamblea que reúna exclusivamente a todos los Estados y agencias democráticos, directamente elegida y controlada por ellos[10].

Uno de los problemas principales, según Held, sería la forma de implementación del derecho democrático cosmopolita, y en este sentido plantea la necesidad de fuerzas militares globales. “Sin los medios para ejecutar la ley”, dice Held, “el marco institucional de un nuevo orden internacional democrático resulta inconcebible”[11]. Ante la crítica de que la globalización (como marco de este proceso) más que homogeneizar las culturas diferentes produjo una serie de conflictos que reformularon la importancia de la identidad y la diferenciación, Held afirma que una comunidad democrática cosmopolita no exige una integración política y cultural fundada en la homogeneidad de creencias, sino sobre todo en la resolución pública de esas diferencias”[12]. Held considera, finalmente, que el establecimiento de autoridades regionales (en el contexto global) “contribuiría a la erosión de las divisiones geopolíticas que dominaron el mundo entre 1945 y 1989.”[13]

 

BIBLIOGRAFÍA:

-          HELD, David. La democracia y el orden global. Del Estado moderno al gobierno cosmopolita. Buenos Aires, Paidós, 1997. Capítulos 7: “Repensar la democracia: El principio de la autonomía-Los términos del principio de autonomía-La idea del estado legal democrático”, 9: “La democracia y el bien democrático. El derecho público democrático”, 12: “La democracia cosmopolita y el nuevo orden internacional”. Páginas: 179 a 195, 231 a 244, 317 a 338.


[1] Véase Held; 182.

[2] Véase Held; 182.

[3] Para la enunciación del principio véase Held, 183. Es, podemos decir nosotros, un principio que se encuentra altamente relacionado con el concepto de autodeterminación que nombrábamos anteriormente.

[4] Held, 190.

[5] Held, 192.

[6] En contraposición con la nautonomía, condición que surgiría de no encontrarse satisfecha toda esa serie de derechos.

[7] Así los llama Held, véase 233.

[8] Held, 242.

[9] Véase Held, 317.

[10] En esta instancia Held se plantea la problemática de la base de representación de la asamblea; en este sentido se pregunta: “¿Una nación, un voto? ¿Representantes distribuidos según el tamaño de su población?” (Held; 324).

[11] Held; 328.

[12] Véase Held, 333.

[13] Véase Held, 335.

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~ por gal en diciembre 13, 2009.

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