“Asientos y Status Social en el Teatro de Plauto”

“Seats and Social Status in the Plautine Theatre” (Timothy Moore)

Resumen y traducción. Germán Ledesma.

 

Moore empieza refutando la tesis de Ritschl, para quien los teatros hasta la mitad del siglo 2 a.C. carecían de asientos. Esta tesis, sostiene Moore, ha sido refutada sucesivamente por diferentes autores, quienes concuerdan en que había cierta cantidad de asientos para al menos algunos de los espectadores. La tesis del propio Moore en el artículo, por su parte,  es que los asientos en la primera época en que Plauto representó sus obras eran insuficientes para todo aquel que quisiera ver esas representaciones, y que el criterio para determinar quién podía sentarse y quién permanecería de pie era el status social, distinción que es motivo de chistes en las propias comedias de Plauto.

A partir de las obras “Epidicus” y “Mercator” Moore sostiene que en este momento toda la audiencia estaba sentada. El epílogo de “Epidicus” incluye una petición al público para que se levante y se estire. En “Mercantor”, por su parte, Acanthio le pregunta a Charinus si puede despertar a los espectadores que se quedaron dormidos. En “Amphitruo”, “Aulularia”, “Captivi, “Miles Gloriosus, y “Poenulus”, en cambio, uno ya puede deducir que, mientras algunos de los espectadores estaban sentados, los esclavos y los ciudadanos pobres eran forzados a permanecer de pie en la parte trasera del teatro por falta de asientos.

Para sostener su tesis Moore trabaja, en principio, con el prólogo de “Poenulus”. Este prólogo, dice Moore, se presenta a sí mismo como un imperatur histricus, e imparte una serie de órdenes a los que se encuentran sentados tranquilamente en la parte del teatro denominada subsellia: “bonoque ut animo sedeant in subselliis” dice el prólogo, y esto sería la prueba para Moore de que al menos algunos espectadores se encontraban sentados. Pero el prólogo continúa dando sus órdenes y vamos a ver que aparece también la prueba de que no todos se encontraban en la subsellia viendo la obra. Dice el prólogo:

scortum exoletum ne quis in proscaenio

sedeat, ney lictor verbum aut virgae muttiant,

neu designator praeter os obambulet

neu sessum ducat, dum histrio in scaena siet.

diu qui domi otiose dormierunt, decet

animo aequo nunc stent vel dormire temperent

servi ne opsiedeant, liberis ut sit locus,

vel aes pro capite dent; si id facere non quentunt,

domum abeant, vitent ancipiti infortunio,

ne et hic varientur virgis et loris domi,

si minu´curassint, quom eri reveniant domum.

 

Para Tanner el proescanium (el lugar donde estaría la scorta exoleta, las prostitutas/os) contrasta con scaena y debería ser el área que se encontraba directamente enfrente del escenario propiamente dicho, lo que equivaldría al lugar ocupado por la orquesta. Para Moore, en cambio, no habría razón para no tomar a proescanio y scaena como si fueran sinónimos. Las prostitutas, dice, podían ser solicitadas directamente desde la propia escena, o podría ser incluso este pasaje un chiste absurdo de Plauto. La cuestión de todas formas, sostiene Moore, no es tan importante para saber lo que sucedía en la cavea (el lugar donde estaban los espectadores). Del mismo modo los lictors (los policías que nombra el prólogo) podían estar parados o sentados en cualquier parte del teatro.

Ahora bien; cuando el prólogo vuelve a dirigirse a los que se encuentran en la cavea, dice Moore, parecería contradecirse. Por un lado la orden de que el dissignator no obstruya la visión de los espectadores mientras conduce a los que están llegando tarde, demostraría que quedarían asientos disponibles. Y por otro lado, cuando ordena que los esclavos no se sienten, para que así pueda haber lugar para los libres, se desprendería que no habría lugar suficiente para todos. La mejor explicación para esta aparente contradicción, según Moore, es la proposición de Ritter de que “Poenulus” fue producida en principio para uno de los juegos posteriores a los Ludi Romani de 194, donde los senadores recibían asientos separados de los demás. Habría, por lo tanto, un sistema con dos niveles de asientos. La sección reservada para los senadores, sostiene Moore (y lo retoma como veremos en la conclusión del artículo), tendría más asientos que los necesarios para todos los que pertenecían a esta clase social y querían ver la obra. La reserva de estos asientos, por otro lado, estaba a cargo de ese dissignator que nombra el prólogo. De esta forma es posible que sobraran asientos en uno de los niveles y que faltaran en el otro.

En relación a la orden de que los esclavos no se sienten, dice Moore, incluso si se trata de un chiste, implica que el teatro en su totalidad no tiene la cantidad suficiente de asientos para todos y que la sección de no-senadores no tiene un encargado, como el dissignator, de ubicar a cada uno un asiento correspondiente. ¿Quiénes, entonces, se pregunta Moore, tienen derecho a un asiento en la sección de los no-senadores? Beare propone que el acceso a un asiento estaba basado en el principio de “el que llega primero se sienta”. Para Moore, en cambio, la competencia por los asientos no está expresada en términos de orden de llegada, sino en la diferencia del status social. Si bien no había una regulación oficial en relación a quién se quedaba parado y quién podía sentarse en la sección de no-senadores, no eran los que llegaban tarde los que tenían que mantenerse de pie, sino las personas que pertenecían a las clases más bajas, particularmente los esclavos. La orden del prólogo para que los que llegasen tarde no sean ubicados en sus asientos, para Moore, sería un chiste absurdo, basado en una importancia desmesurada en el propio prologuista, que lo hace pensar que puede dejar a senadores de pie en la parte trasera con los esclavos.

Más adelante el prólogo dice, en relación a los esclavos, que deberían irse para evitar castigos en sus respectivas casas y en el teatro mismo. ¿Está bromeando Plauto, se pregunta Moore, o realmente los esclavos tenían que abandonar el teatro? Un pasaje de Cicerón sugiere que en algunos festivales los esclavos tenían prohibida la asistencia a algunas representaciones teatrales, pero esta prohibición no necesariamente se refiere a todos los festivales, e incluso, dice Moore, podría implicar que los esclavos eran prohibidos no del teatro absolutamente, sino tan sólo de sus asientos. La tarea de remover a los esclavos estaba a cargo del praeco (o pregonero-alguacil), y en la obra el praeco aparece trabajando (10-15) y no obstante esto los esclavos están todavía presentes. Más adelante el prólogo dice que pedisequi (camareros que deberían ser esclavos) saquean un puesto de comida durante la representación, por lo que se deduce que los esclavos están presentes, incluso luego de que el prólogo los haya instado a retirarse del teatro. Esta sugerencia de que se fueran a sus casas es por lo tanto, para Moore, tan sólo un chiste de Plauto.

Todos los primeros edictos del prólogo dependen del absurdo de su humor, pero no obstante el absurdo, dice Moore, estos edictos reflejan la realidad social del teatro. El escenario y la parte de atrás son las locaciones de menor prestigio, habitadas por actores que son esclavos o personas libres de clase baja, y corresponden por lo tanto al status más bajo, lo que puede asociarse con aquel scortum exoletum que nombrábamos al principio. En el medio está la subsellia, frente a la sección de los senadores, entre los dos extremos, donde se sientan las personas que no pertenecen ni a las clases más altas ni a las bajas.

Moore a continuación toma el prólogo de “Captivi” ya que ofrece, a su modo de ver, nueva evidencia en relación a esta distinción social entre espectadores que se encuentran sentados y espectadores de pie. El prólogo empieza con Tyndarus y Philocrates, quienes están encadenados en el escenario:

hos quos videtis stare hic captivos duos

illi quia astant, hi stant ambo, non sedent.

hoc vos mihi testes estis me verum loqui.

 

Lindsay dice que este illi del segundo verso serían los que llegan tarde y no encuentran asiento donde sentarse: los prisioneros en el escenario serían un complemento de estas personas que están de pie en la parte trasera del teatro. Si es el status social y no el orden de llegada lo que determina quién se sienta, dice Moore, la traducción de Lindsay se vuelve más significativa de lo que incluso él mismo piensa. Los dos cautivos en la escena, como muchos de los que deben permanecer de pie abajo, son esclavos; y los actores, como aquellos que son forzados a permanecer de pie, son también esclavos o personas que pertenecen a las clases más bajas. Plauto aquí, dice Moore, efectúa un extraño reconocimiento de los esclavos y de otras personas paradas que suelen ser ignoradas, un reconocimiento bien propio de esta obra en particular, ya que el argumento gira en torno a la esclavitud y la libertad.

Esta actitud “democrática” del prólogo, sin embargo, desaparece temprano. En cuanto comienza el argumentum, el autor frena para cerciorarse de que los espectadores lo están siguiendo y dice:

iam hoc tenetis? Optumest.

negat hercle illic ultumus. Accedito.

si non ubi sedeas locus est, est ubi ambules,

quando histrionem cogis mendicarier.

ego me tua causa, ne erres, non rupturu´sum.

vos qui potestis ope vostra censerier

accipite relicuom: alieno uti moror.

 

El prólogo señala a un espectador, real o imaginario, en la parte más rezagada del teatro y lo llama a adelantarse hasta la sección donde están los asientos, y si no puede conseguir uno entonces debería retirarse. Esto significa que el prologuista no va a forzar su voz, y que no va a mendigar para que lo escuchen: el chiste introduce, de esta manera, el concepto de status social. Este status, dice Moore, está en el corazón de la destitución del que está molestando al orador con su presencia. Para el prologuista quedan excluidos todos los que están de pie al fondo del teatro, y sólo va a ofrecer el resto del argumentum a aquellos que tienen la suficiente propiedad como para estar sentados. Este chiste asume, por lo tanto, que los que se encuentran de pie son capite censi, es decir personas que no tienen propiedad reconocida. Esta diferenciación no obstante, dice Moore, no implica necesariamente una restricción rígida de la sección donde hay asientos. Es, después de todo, un chiste de Plauto.

 

El prólogo de “Miles Gloriosus” también aporta cierta evidencia, a los ojos de Moore, de esta competición por los asientos:

 

mihi ad enarrandum hoc argumentum est comitas,

si ad auscultandum vostra erit benignitas;

qui autem auscultare nolet exsurgat foras,

ut sit ubi sedea tille qui auscultare volt.

nunc qua adsedistis causa in festivo loco,

comoediai quam nos acturi sumus

et argumentum et nomen bobis eloquar.

 

De nuevo los que cuentan aquí son los que están sentados: Palaestrio se refiere a la audiencia como adsedistis. ¿Pero toda la audiencia, se pregunta Moore, se encuentra sentada? Tal vez este sea un ejemplo de la fingida autoridad del prólogo, como veíamos en las órdenes del “Poenulus”. En todo caso, el “ut sit ubi sedea tille qui auscultare volt” implica que hay personas a las que le gustaría estar en los asientos de las personas que se encuentran sentadas. Estos “aspirantes”, dice Moore, podrían estar esperando afuera, con la esperanza de que alguien se levantara y se fuera para ocupar su lugar. La fluidez implícita entre personas sentadas y personas que deben permanecer de pie sugiere que aquellos que desean ocupar los asientos deberían ser personas que se encuentran en la parte trasera del teatro, y (como vimos en “Captivi”) seguramente tuviesen problemas para oír la obra. Esta fluidez implícita podría implicar, a su vez, que no haya por lo tanto una distinción social oficial entre los que están sentados y los que están de pie; pero esto no significa, dice Moore,  que prime el orden de llegada a una cuestión de status social para determinar quién se sienta y quién no. En todo caso, el hecho de que en las líneas siguientes se ignore a los que se encuentran atrás sugiere que no son simplemente personas que llegaron tarde, sino miembros de las clases más bajas, cuya presencia es insignificante.

 

En el prólogo de “Amphitruo” vemos a Mercurio retrasmitiendo las órdenes de Júpiter hacia los espectadores que están sentados:

 

nunc hoc me orare a bobis iussit Iuppiter

ut conquistores singular in subsellia

eant per totam caveam spectatoribus,

si quoi favitores delegatos viderint,

ut is in cavea pignus capiantur togae.

 

La conexión que hace Mercurio entre subsellia y per totam caveam, implica que todos los espectadores se encuentran sentados. Pero Moore se detiene en el último verso y se pregunta ¿qué espectadores podrían estar usando togas? A partir de aquí el texto se detiene en un estudio meticuloso en relación a cómo fue cambiando históricamente la significación social del uso de las togas, para echar luz sobre este último verso de “Amphitruo” transcripto arriba. Varro y Servius, dice Moore, nos cuentan que originalmente hombres y mujeres de todas las clases en Roma, incluido los esclavos, usaban togas todo el tiempo. Pero ya para los tiempos de Marcial queda claro que los más pobres no podían permitirse el lujo de una toga. En los tiempos del imperio, por su parte, usar toga se había vuelto una molestia. Marcial, Juvenal, y Plinio, pensando en los placeres de la vida en el campo y de permanecer en casa, resaltan el hecho de no tener que usar la toga, y se registran, por otra parte, algunos decretos del Imperio que instan al uso de la toga en la vida pública. Marquardt, a su vez, dice que con la introducción de prendas más confortables traídas desde el extranjero la toga se convirtió en un artículo básico para todos los días, algo equivalente al traje moderno de hoy en Europa o América. En relación al uso de la toga en la época de Plauto, continúa Moore, hay poca evidencia. En el siglo 2 a.C. la toga era signo de cierta respetabilidad, lo que significa que los más pobres y por su puesto los esclavos, en la época de Marcial, no podían usar togas. Suetonio describe los intentos de Augusto para hacer que la gente use togas como parte de un programa que quería recuperar el habitus vestitusque pristinus. Ovidio, además, describe el uso de la toga como algo folklórico durante el festival de Anna Perenna, aunque también describe cómo las personas se la sacaban durante el transcurso del festival para armar tiendas.

La referencia de Mercurio en relación al uso de las togas, por lo tanto, dice Moore, no implica que la subsellia estaba restringida a las clases más altas, pero trae aparejada la presunción de que las personas más pobres, y sobre todo los esclavos, debían permanecer de pie: la posesión de un asiento, como de una toga, era signo de respetabilidad. Mercurio continúa diciendo que los actores culpables (los que se encuentran en el escenario encadenados) serán desprovistos de su ornamenta (85): los actores culpables pierden de esta manera la evidencia de que pertenecen a la escena; los espectadores culpables, por su parte, no tienen la toga, o el signo de que ameritan estar sentados en la subsellia.

 

Una asociación entre estar sentado y estar vestido aparece también en “Aulularia”. Después de descubrir que había perdido oro, Euclio se vuelve frenéticamente hacia la audiencia:

 

opsecro vos, mi auxilio,

oro, optestor, sitis et hominem demonstretis, quise am apstulerit.

quid ais tu? Tibi credere certum est, nam ese bonum ex voltu cognosco.

quid est? quid ridetis? novi omnis, scio fures ese hic compluris,

qui vestitu et Creta occultant sese atque sedent quasi sint frugi.

 

El creta de Euclio se refiere a lo que Plinio describe como creta fullonia, algo que se usaba para mantener a las togas limpias y blancas. Occultant y sedent son formas en que Euclio se refiere a la audiencia para subrayar sus condiciones de personas respetables: usan hermosas togas blancas, y están ocupando la sección con asientos del teatro.

 

***

 

Más allá de la reserva de un número de asientos para los senadores en 194, parecería no haber reglas rígidas con respecto a quién podía estar sentado y quién debía permanecer de pie durante las representaciones de Plauto. Incluso esta nueva regla que separa a los senadores no está haciendo directamente una distinción entre personas sentadas y personas paradas, sino que simplemente está dividiendo la sección que contiene los asientos. La cantidad de asientos previstos, dice Moore, podría depender de cuánto se hubiese vendido durante los juegos, y debería haber representaciones con suficientes asientos para todos los que desearan ver la obra. Para otras, de todas formas, los asientos podían resultar insuficientes, y en estas ocasiones se aceptaba tácitamente que los esclavos y las personas más pobres debían permanecer de pie.

 

La existencia de teatros con asientos adquiridos a través del status social ayuda en dos sentidos a explicar el descontento que acompañó la introducción de asientos especiales para los senadores en 194. En principio, los espectadores en la época de Plauto podían sentirse superiores con el sólo hecho de estar sentados en el teatro. Los socialmente inferiores eran forzados a estar de pie, y si ellos se sentaban atrás de los senadores era por su propia verecundia (vergüenza), y no por el resultado de la coerción. La sección reservada para los senadores, por otra parte, tenía suficientes asientos para todos los senadores que quisieran presenciar la obra, sin tener en cuenta la cantidad que realmente podía llegar a acudir al teatro. La cantidad de asientos restantes, de esta forma, pasaba a ser menor, y algunos ciudadanos pobres que previamente tenían la posibilidad de adquirir un asiento ahora se verían forzados a permanecer de pie, incluso si quedaban asientos vacíos en la sección de los senadores.

 

 

Texto original; Timothy J. Moore (University of Texas)

Resumen y traducción: Germán Ledesma

~ por gal en marzo 28, 2010.

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