Sarmiento y su Facundo: entre la “biblioteca europea” y la “barbarie americana”

Lectura sobre 2 textos críticos

 

El tópico es ya conocido. La contraposición de dos partes que se oponen; que se presentan como dos fuerzas excluyentes, manteniendo entre sí una tensión dialéctica. Por un lado está la ciudad, el refinamiento, el lugar de la escritura: la civilización. Y por el otro lado el campo, lo abierto, lo sin límites (un lugar que no pone límites por la ausencia de un plano público de movimiento), la tierra de nadie, el lugar de la oralidad: la barbarie. Y lecturas. Infinitas lecturas que tratan de aportar una visión nueva a esta dicotomía casi agotada. Y dentro de este abanico de lecturas encontramos a un Piglia que retoma el tópico y lo articula; lo estructura en instancias bien demarcadas de pensamiento. Y por otro lado a un Ramos que hace lo contrario (podría decirse), que desarticula precisamente la rigidez dicotómica del tópico.

“Escribir, a partir de 1820″, nos dice Ramos, “era civilizar”. Es decir “llenar vacíos, poblar desiertos, construir ciudades”. Por su parte Piglia nos dice que “el escritor se define como un civilizador”. Y Ramos nos dice que para esta tarea civilizadora la imagen del “transporte” es privilegiada: “el intelectual opera en función del viaje importador del discurso”. En Piglia, a su vez, Sarmiento aparece también como un traductor: “las ideas europeas son transformadas para que se adapten a la realidad nacional”. La frase se nacionaliza en un proceso de “traducción”.  Transporte y traducción como dos instancias análogas de un mismo proceso. Entonces como vemos las primeras posturas coinciden, pero es precisamente en el desarrollo de estas máximas que los autores se desvían en distintas direcciones, por momentos irreconciliables.

En este proceso de traducción Sarmiento es para Piglia una caricatura de lo que intenta ser. Mediante un procedimiento de citas de autoridad lo que hace Sarmiento es ostentar una cultura que no le pertenece. Para Piglia Sarmiento deja ver debajo de una fachada civilizada, erudita, al bárbaro que niega en su esencia, a ese ser real periférico, marginal, descentrado, marcado negativamente por la relación de dominación cultural en la que está inmerso. Sarmiento cuanto más quiere ser civilizado más muestra su barbarie. Cita a Sheakspare, pero lo cita en francés, de segunda mano (como la cultura a la que pertenece y parece renegar). Sarmiento niega entonces, para Piglia, esa condición bárbara que lleva en esencia. “Se presupone cierta noción de la diferencia como carencia o deformación de la plenitud del modelo extranjero”, nos dice Ramos en relación a esta mirada de Piglia. Y lo dice precisamente porque piensa todo lo contrario. Sarmiento, cree Ramos, no rehusa de esa condición marginal y descentrada. “La barbarie es primitiva, voluntariosa, informe”, términos que definen a la propia obra de Sarmiento. “Ese lugar subalterno, marginal que asume Sarmiento (el énfasis es de Ramos), se convierte en el mecanismo de autorización de un trabajo intelectual alternativo”. La imagen de Sarmiento es, para Ramos, más compleja que la de importador de capital simbólico europeo. Y en vez de ver esa diferencia al saber europeo como una falta Ramos encuentra, por el contrario, un lugar desde donde Sarmiento hace para sí su propia diferencia (en un marco de ganancia simbólica). La diferencia entonces, según Ramos, radica también en una ignorancia europea que desconoce este mundo nuevo que Sarmiento trata de explicar. Aquí, entonces, esa figura de Sarmiento como caricatura desaparece y se recorta una nueva: la del intelectual que logra fundir dos saberes distintos en un plan más general de entendimiento social, cultural, político. Sarmiento se sitúa entre ambos mundos y enfatiza ese desconocimiento de la realidad local. Sarmiento ha leído a los clásicos europeos, pero sabe que con eso no basta: también intenta escuchar  (ya que no hay escritura posible de ser leída) a la palabra del otro,  a la palabra del bárbaro. “Fáltame”, dice Sarmiento en la carta a Alsina, “interrogar el suelo y visitar los lugares de la escena, oír las revelaciones de los cómplices (el énfasis es mío), las deposiciones de las víctimas, los recuerdos de los ancianos, las doloridas narraciones de las madres…”. Los cómplices, las víctimas, los ancianos, las madres son también el otro, y sólo pueden ser escuchados, porque sólo pueden hablar su dolor, articularlo de forma oral. “…fáltame escuchar el eco confuso del pueblo, que ha visto y no ha comprendido, que ha sido testigo y actor”. Y esto que dicen es confuso, desordenado, y entonces hay que ordenarlo. Y aquí aparece Sarmiento en cuanto traductor (traductor de lo que este pueblo dice sin entender bien qué es lo que está diciendo). Sarmiento lo traduce, no tanto para ellos mismos como para “la Francia tan justamente erguida por su suficiencia en las ciencias históricas” que sí va a comprender lo que él traduzca, lo que él diga que el pueblo ha dicho. O para “la Inglaterra tan contemplativa de sus intereses comerciales” que va a entender porque sabe lo que le conviene.Entonces aquí la palabra “transcripción” toma un nuevo sentido. En Ramos transcribir es escribir. Y escribir es mediar entre la civilización y la barbarie. La palabra se vuelve más amplia, más abarcadora y compleja que en Piglia. En Ramos el Facundo es “un gran depósito de voces, relatos orales, anécdotas, cuentos de otros que Sarmiento transcribe”. Ya no es únicamente la traducción del saber europeo. La traducción aquí es ambivalente: se refiere a más de una voz, a más de un relato, a palabras contrapuestas y antagónicas. Sarmiento traduce la voz del europeo, pero también y al mismo tiempo traduce la voz del bárbaro, la trata de entender y hacer confluir en un sistema que lo margina; lo introduce, lo piensa, para poder comprender una realidad compleja y heterogénea. En este proceso la instancia de lo oral ocupa un lugar destacadoy es en esa escucha que se contrae al barbarismo en la propia producción del discurso. Los documentos alternativos con los cuales Sarmiento teje le realidad nacional son los relatos orales. Y son estos relatos los que contaminan al discurso, los que lo hacen más literario, menos científico, menos racional, menos “moderno”; los que barbarizan la escritura de Sarmiento. “Tengo una ambición literaria”, le dice Sarmiento a Alsina. Y le habla de su Facundo que llega “a los campamentos del soldado y a la cabaña del gaucho, hasta hacerse él mismo (el Facundo), en las hablillas populares, un mito como su héroe”. El Facundo libro, parece decirnos Sarmiento, termina siendo también un reflejo del Facundo personaje. En estas líneas Sarmiento muestra lo inevitable de su propia barbarie. Y Ramos entiende esto que nos está diciendo Sarmiento: Facundo Quiroga es bárbaro; mi libro habla de Facundo Quiroga; mi libro será entonces también bárbaro en gran parte. Pero a la vez la escritura de Sarmiento en cuanto bárbara es una estrategia para poder escuchar al otro, para poder incluirlo. Sarmiento se funde en un saber erudito y en un mecanismo bárbaro de producción. La dicotomía del tópico inicial se relativiza. Y Sarmiento se hace cargo: “Sarmiento asume (otra vez el énfasis es de Ramos) el defecto de la espontaneidad”. Aparece entonces la visión del mundo oral de la tradición para conciliar este proyecto modernizador con el pasado. Y es aquí donde Sarmiento gana su propia diferencia. Nos dice Ramos: Sarmiento logra “darle al discurso de este nuevo saber el “soplo de vida” que no había logrado incorporar el libro europeo”. Al bárbaro se le da vida en cuanto es incorporado al discurso. Y este modelo de representación es ideológicamente fundamental. Se asume al otro como un objeto del discurso, pero a su vez aparece su propio discurso como una voz independiente en la escritura de Sarmiento. Pero por supuesto, en el medio de ese discurso oral y la escritura de Sarmiento, está Sarmiento en cuanto transcriptor. Y este área, nos dice Ramos, nunca es neutra. La transcripción, entonces, cobra un valor político, de poder político fundamental. El saber del otro es “irregular”, “confuso”. Entonces se lo traduce. Y en ese proceso la propia escritura se hace “irregular”, “confusa”. No se sabe, a ciencia cierta, qué es lo que viene primero, parecería decirnos Ramos, si la incorporación de la oralidad del otro o la barbarización del discurso propio. Y Piglia, por su lado, nos habla de una escritura en Sarmiento llena de barbarismos, pero nos está hablando de algo muy distinto, de una funcionalidad radicalmente opuesta.  En Piglia estos barbarismos no están en función de nada, están involuntariamente, como algo defectuoso en la propia escritura, en el propio proceso de creación. “La barbarie corroe el gesto erudito”, nos dice Piglia. “Marcas de un uso salvaje de la cultura”.  La barbarie de Sarmiento, en Piglia, aparece en atribuciones erróneas, citas falsas, como síntomas de una situación de lectura (y por ende de escritura). Aparece a manera de errores académicos, no como un principio constructivo. Aquí radica la gran diferencia de estos puntos de vista. Por un lado la barbarie intelectual como una equivocación bruta, ignorante. Y por el otro la barbarie como un principio de producción, estético y a la vez funcional, de una funcionalidad consciente, voluntaria, y esencial al proyecto de modernización nacional. Piglia y Ramos, entonces, nos presentan  dos Sarmientos distintos. Crean casi literariamente dos personajes radicalmente opuestos que actúan en el plano de lo imaginario, como dos imágenes fragmentadas, descentradas, pero bien delimitadas en su estructura. El Sarmiento de Piglia es ostentoso, y a la vez ignorante. Un Sarmiento que se cree algo que en realidad no es, generando en nosotros una suerte de gracia ante lo estúpidamente vanidoso. Hamlet en boca de Sarmiento le roba líneas a Macbeth. Aparece un Sarmiento culto, pero en una cultura devaluada. Aparece, entonces, un Sarmiento devaluado.Y en Ramos, en cambio, Sarmiento es capaz de tener una mirada lúcida sobre dos realidades que se tocan y que nada tienen que ver una con la otra, a primera vista. Es Sarmiento poseedor de dos saberes capitales para el entendimiento de todo un estado de cosas. Sabe cómo puede ver un europeo determinadas imágenes (casi a manera de imaginario social) “Sobre la particularidad americana se impone la figura (europea) del oriental” nos dice Ramos. Pero Sarmiento también logra comprender el paradigma del gaucho, de lo no civilizado, que tiene por lógica leyes muy distintas, pero que tiene leyes, y eso lo sabe muy bien. Hay dos sistemas estructurados (aunque se hable de lo bárbaro como algo caótico) que entran en juego en una misma realidad social. Y nadie lo ve. Sólo Sarmiento que parece separarse de los dos sistemas para ver todo con claridad. No es el europeo que no ha sabido leer al gaucho. Pero tampoco es el gaucho que se queda ciego con las luces de la razón, con las luces de la ciudad. Sarmiento se pone en el medio y logra fundirse en un nuevo discurso que no corresponde a ninguna de las dos miradas, pero que sin embargo tiene mucho de ambas. Este es el Sarmiento de Ramos. Y es un Sarmiento lúcido.

Bibliografía PIGLIA, Ricardo. “Notas sobre Facundo”, en Revista “Punto de vista”. Año III. Nº 8. 1980. RAMOS, Julio. “Saber del otro: escritura y oralidad en el Facundo de D. Sarmiento”, en Desencuentros de la modernidad en América Latina. México. Ed. Fondo de cultura económica. SARMIENTO, Domingo F. “Carta a Alsina” (agregada en la 2º edición, 1951), en Facundo. Buenos Aires. Ed. Kapelusz. 1971.

~ por gal en julio 19, 2010.

7 comentarios to “Sarmiento y su Facundo: entre la “biblioteca europea” y la “barbarie americana””

  1. pero q resumen de mierda!
    es una poronga

  2. nacho: no es un resumen

  3. necesitto qe expliquen mas sobre que se trata el facundo, en relaion con rosas y la literatura de ideas.?¿

    por favorr!

  4. es una verga

  5. Carmela: no puedo hacer eso
    Juan: sí, es una verga

  6. Interesante comentario, no coincido en todas las opiniones pero ya habrá tiempo para discutir. Lo que quiero puntualizar es la falta de datos : es decir, quiero citar este comentario en un trabajo sobre literatura argentina y no sé ni siquiera quién es el autor. Por favor, un poco más de rigurosidad en la presentación. Sobre el contenido hablamos más tarde.
    Gracias igual

    • Nanci: es cierto. hay una casi absoluta falta de datos. a veces pienso poner en información cosas como dónde estudio y cómo me llamo. pero termino eligiendo acotarme a las tres letras de mis iniciales. igual si me preguntan respondo: Germán Ledesma. saludos.

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